miércoles, 12 de agosto de 2015

El piquete

En la puerta de ETEL se aglomera una gran cantidad de trabajadores con pancartas, gritando y pitando. En defensa de los puestos de trabajo, en defensa de ETEL. Más producción interna menos externalización. Retirada de los expedientes, ya. Estas son algunas de las pancartas que enarbolan los trabajadores.
 
Vuelvo en mi coche, un Golf GTA de menos de dos años pero con más de dos abollones que le dan un aspecto algo descuidado. Regreso de una noche de juerga y al pasar por delante del piquete, situado a las puertas de mi empresa, freno bruscamente. Tengo que bajar la ventanilla para sentir el fresco de la mañana y alcanzar a comprender el follón que se ha montado. Me escuecen los ojos todavía rojos.


En el vehículo Daniel lleva botellas de whisky vacías, unas bragas y una corbata tiradas, junto a su cámara fotográfica profesional.

He aparcado donde he podido en la cuneta, y ya camino hacia el grupo haciendo fotos. Me gusta llevar mi cámara a todas partes, nunca se sabe donde haré mi mejor foto.

Tengo una pinta lamentable. Llevo la camisa por fuera, el pelo revuelto, y me froto los ojos rojos, entre foto y foto.

Voy tomando fotografías de caras desencajadas, banderolas sindicales al viento, pancartas reivindicativas y policías mal encarados. El ambiente de crispación a las puertas es grande. El conglomerado de instalaciones que vería cualquiera desde la puerta deja muy a las claras como ha ido creciendo el centro de trabajo. Unos magníficos edificios de oficinas y una gran nave de talleres contrastan con otras dependencias que en un segundo término se construyeron: cobertizos, talleres, barracones, edificios anexos de bajo presupuesto. Instalaciones provisionales que parecen llevar ya mucho tiempo.

Abel y Juan, dos compañeros del departamento me hacen señas para que me acerque. El ruido es ensordecedor y las palabras de mis amigos se pierden en el fragor del monumental escándalo que montan las doscientas personas que hay allí.


Le miro, sin muchas ganas de contestarle y hago una mueca de ¡Que le vamos a hacer! mientras le tiendo la mano a Juan.

Abel se acerca con una jarra y unos vasos de plástico que entrega a Juan y a mí, luego nos sirve en cada uno de ellos un poco de café.

Juan esboza una ligera sonrisa, cuando Abel me mira de arriba abajo, con gesto de desagrado.
Los tres beben y miran varios coches que pasan entre el piquete que son golpeados y zarandeados.
Sigo observando algo confundido dentro de aquel bullicio. Un petardo estalla a menos de dos metros de donde nos encontramos. Me llevo la mano el oído derecho con gesto de dolor. Se ha formado un coro entorno a tres personas que intentaban entrar a pie.


La bronca va en aumento. Se produce un altercado, con empujones y palabras gruesas entre la policía y los más exaltados de la CNT, se trata de algunos chavales de la facultad que ni siquiera trabajan allí.

Lucas Corredor se acerca. Lleva un brazalete que indica que es miembro del Comité de Huelga, y va acompañado de una mujer.

Lucas se gira para mirar donde le señala Carla, en dirección a un grupo de trabajadores que despliegan una pancarta, mientras añade.

Lucas no ha podido esconder una leve sonrisa guasona por el comentario. Carla me tiende la mano. Rápidamente, me abalanzo a darle un par de besos en la mejilla que no puede esquivar.

-   ¿Tendrás poco trabajo en la empresa de las subcontratas? – Digo, secamente, mirándola a los ojos.
Percibo como Lucas nos observa con gesto sombrío.
A pesar de no haber comenzado con buen píe, no puedo evitar recorrer con la mirada su silueta estilizada. Carla intentado escapar de mi mirada se acerca a comentar algo a Luca mientras se suceden varias tracas y arrecian las pitadas.

Abel que ha estado expectante durante nuestro desafortunado encuentro, se acerca.

Justo al lado del corro de Daniel. Un grupo de veintitantas personas paran un vehículo golpeando las puertas. Una pareja de alborotadores se sientan encima del capó. En el coche viajan dos importantes directores. Los trabajadores hacen gestos con las manos y les increpan.
Cojo mi cámara instintivamente, y activo el modo de grabación de vídeo, y comienzo a filmar cuanto ocurre.

Lucas y Carla han sido arrojados del follón en la primera carga de los incontrolados asaltantes del coche.

En pocos segundos varias personas se abalanzan sobre el conductor, muy trajeado, que se baja del vehículo a increpar a los bestias que saltan literalmente sobre su formidable BMW. Un grupo de exaltados que rodean al directivo le gritan al oído.

Daniel ha reconocido a Jorge y Antonio brincando sobre el vehículo. De repente, ambos se abalanzan sobre el grupo que rodea al Director, un tal Hugo Notario, como pudo saber Daniel más tarde. El aterrizaje de estos genera una melé de cuerpos que se debate entre golpes, quejidos e insultos.

Enseguida cuatro efectivos de la policial nacional se abren paso a porrazos entre un amasijo humano donde vuelan los puños y las palabras gruesas de un lado a otro. Daniel aguanta las avalanchas, mantiene el equilibrio cerca del altercado y sigue grabando a un enajenado Antonio propinando un fuerte rodillazo en la cabeza a Hugo que se encontraba tumbado inerte debajo del nudo de piernas y brazos por donde asomaba.

Antonio luce una pegatina en el pecho del Frente de Trabajadores que he podido ver al levantar la cabeza del visor de mi cámara conmocionado por lo que acabo de presenciar.

Sin poder grabar más puedo presenciar, como con mucho esfuerzo, cuatro policías consiguen llegar al núcleo de la reyerta, simultáneamente el resto de las fuerzas del orden allí emplazadas acordona el piquete. Alguien grita pidiendo un médico junto al cuerpo inmóvil de  Hugo. Al tiempo se produce una desbandada que acaba en brazos de los anti-disturbios que con mucha disciplina, armados con porras y escudos, contiene la huida de muchos componentes del piquete que no quieren verse involucrados.  Veo a Carla y Lucas como observan con estupor el deprimente espectáculo en que se ha convertido el piquete que reivindicaba más trabajo y menos despilfarro.

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