Sonríe mirando al frente con
decisión. Calle de Atocha arriba camina con paso firme Arancha. Una jovencísima
mujer de veintiún años, cumplidos el uno de abril de dos mil trece, pero que
afronta la vida con la determinación y confianza de quien dispuso de una larga
vida. Y es que ella, tan morena, tan alta, saborea y exprime cada segundo de su
vida. Así la recuerdo yo.
Arancha caminaba con paso firme,
mientras se ajustaba una falda roja brillante a la cintura ante la atenta
mirada de un grupo de jóvenes británicos ataviados con camisetas de un equipo
de futbol, haciendo botellón a la espera del comienzo del partido. Arancha
nunca para de pensar. Es tan positiva, tan decidida >> Hoy vamos a llenar
las calles. La gente poco a poco se dará cuenta de lo que pasa. Solo necesitan
un pequeño empujoncito. << Se ha dado cuenta de la mirada de varios de
ellos, y les guiña un ojo mientras sonríe y avanza, siempre avanza.
Por la calle Arenal, Luis
caminaba escuchando música. Se levanto los pantalones que ya se le caían más de
la cuenta. Tan grande y fuerte, y tan desgarbado mientras se contoneaba
tímidamente al son de Amaral, tropezando con esas enormes zapatillas de basket
que solo se quita para dormir. Luis se ajusta los auriculares a los oídos, con gesto
de mejorar su entonación desafinada, de una letra que ha repetido mil veces en
voz baja por la calles y plazas de Madrid >> si nunca nos jugamos nadaaa,
qué más da quién pierda o gana. En esta tarde de domingo rara…<< Y sigue
cantando para sí esperando la oportunidad de volver a alzar la voz, bajita.
Un hombre de raza negra, alto y
enjuto, avanzaba con paso lento por la Puerta del Sol. Andrés miraba de un lado
a otro, incluso dándose la vuelta en algunas ocasiones. Se lo recrimina a sí
mismo cuando ocurre, no quiere parecer inseguro y asustadizo pero le dicen que
lo lleva en los genes, y el suele contestar que no, que sus tatarabuelos fueron
grandes guerreros, señores de las llanuras africanas. Un niño se le acerco para
pedirle la hora.
- ¿Me puedes decir la hora? Por favor – ante la
mirada furtiva y desaprobatoria de su padre.
Andrés se sobresalto y miro su
reloj. Le extraño y le agrado la pregunta. Casi nadie suele ser natural con él.
Luis ha llegado a una cafetería.
Ha mirado el rótulo para confirmar su destino. Atravesó la barra del bar donde
desayunan varios ejecutivos. Jóvenes, con cara aniñada, todos de complexión
atlética, y trajeados apuraban su café y
un croissant. Al pasar a su lado, Luis volvió a ajustarse los auriculares y buscando
su mejor tono, le vomito casi en el oído de uno de los comensales de la barra,
un >> si nunca nos jugamos nadaaa. << Algo más alto de la cuenta.
Aquel se giro bruscamente con gesto de golpearlo.
- Estas tonto o ¿Qué te pasa? – le increpo el
hombre. A lo que Luis respondió haciendo con las manos un símbolo de paz.
- Tranqui, hombre – respondió mientras seguía
andando hacia tras.
- Déjalo, Gonzalo no merece la pena montarla aquí
y ahora – le sugería uno de sus compañeros.
Luis aprovecho para escabullirse
de la zona de la barra en dirección a una zona de mesas al fondo de la
cafetería. Allí Andrés y Arancha conversaban sentados delante de un café y una
infusión de menta poleo. Luis mientras
saludaba con la mano se dirigió a un camarero que atendía en la mesa de al
lado.
-
Un té, por favor – pidió al camarero que le
miró algo molesto por la impaciencia que se delataba en el tono de Luis.
Luis se acerco a Arancha para
besarla, simultáneamente que ofrecía la mano a Andrés para saludarlo.
-
Arancha, Andrés – saludo Luis con las prisas que
le caracterizan.
- ¿Cómo andas? – respondió Andrés con cortesía.
Una fórmula que nunca había entendido pero que automatizó con el tiempo.
Luis se dejo caer sobre la silla
y estuvo a punto de caerse si Andrés no le acerca la silla. Se retiro los
auriculares.
- Vas acelerado ¡Para hombre! – intento frenarlo
Andrés.
- ¿Qué tal en el buffet de abogados estirados al
que fuiste ayer? – se intereso Arancha con algo de socarronería.
- Una panda de trajeados motivados. Me tuvieron mareando la
perdiz un buen rato para luego decirme que no daba el perfil. Canteaba mazo que
me dieron puerta – haciendo gestos sobre el pelo y señalándose la ropa.
- Pero si tú de perfil eres la caña – se reía Arancha.
- Lo mejor es que al niñato trajeado que esperaba conmigo le
ofrecieron ser pasante por 540€ al mes. Vaya mierda. Y acepto – añadió
Luis con mucha sorna.
-
Otra vez será – intervino Andrés.
Arancha y Luis se miraban con
gesto divertido, pero Andrés reflejaba una tristeza serena, tranquila.
- Hoy tampoco pinta bien. Que nos coincida hoy la mani con la
entrevista de trabajo, después de esperar un mes y llamarles 30 veces, ya es
mala suerte. Dicen que no hay otra fecha.
- Y qué esperabas de los carroñeros de las empresas de selección
de personal – respondió Arancha a Andrés con cierta mala leche.
- Yo lo tengo claro. La mani no va a servir para nada. Ellos
son los que reparten el trabajo, aunque sea una mierda. Me lo paso bien con
vosotros pero me agotáis con vuestros sermones. Así que yo voy a ver que me
ofrecen – declaro Luis con un tono de resignación que enervó a Arancha.
- Así que nos utilizas como monos de feria. Aquí el único
payaso eres tú y toda esa tontería que tienes. Por mi parte puedes ir a todas
las entrevistas de trabajo, con ejecutivos estirados, que quieras – le
espeto Arancha muy enfadada y con una voz que resonó por todo el local.
Algunos
ejecutivos se removían en la barra al oír a Arancha, y miraban con inquina en
la dirección de la mesa en la que se sentaban Andrés, Luis y Arancha.
- Tranquilos. Bajad la voz que no salimos de aquí –
argumento Andrés en voz baja mientras veía el movimiento y los cuchicheos de la
barra.
- No pienso ir a esa entrevista. Yo no quiero trabajo, al
precio de la sumisión. Quiero derechos y tengo dignidad.
- Eso ya lo he oído antes en la facu, y sigues con la misma
canción que mira que te ha costado petas de profesores y cagarla en varias
asignaturas. La realidad es tozuda. Aquí estamos sin curro – insistió
Luis con un pragmatismo insólito.
- No sé
cómo fue en vuestra facultad ser progre, pero sí sé cómo es en mi vida
ser negro - intervino Andrés dirigiéndose a Arancha
- Sabes
que te debo varias pero necesito trabajar, mis padres me costearon los estudios
a base de lamer culos blancos en una portería, para que ahora los hayan
sustituido por un video portero, para más inri en blanco y negro. Estoy
dispuesto a coger cualquier cosa aunque no me paguen.
Carmen y Luis se miraron
atónitos. Un silencio tenso se apodero del grupo, a pesar del murmullo incesante
de la cafetería.
-
Para que quieres trabajo si no te pagan, eso se llama
esclavitud – reacciono Arancha con un tono duro.
- Era una forma de hablar, necesito dinero y o trabajo o…
- interpuso avergonzado Andrés.
- No te rebajes, hombre – intento Luis contemporizar,
sin gran fortuna.
- Eso es lo
que pasara si seguimos resignados, aborregados. Que trabajaremos sin cobrar.
Arancha se levanto sin mirarlos
recogió sus cosas y se fue. Andrés y Luis se miraron con gesto de resignación,
de conocer sus formas y personalidad. Sin ofenderse.
Con paso decidido, Arancha
atravesó la barra del bar. Gonzalo se giro para marcharse y choco con Arancha,
lo que provoco que cayeran al suelo algunos de los papeles que Arancha llevaba
en la mano, y que había recogido precipitadamente de la mesa de la cafetería.
- Pero bueno ¿Esto qué es? La habéis tomado
conmigo – dijo Gonzalo con cierto malhumor.
Arancha sin contestar, sin
mirarle siquiera, se agacho rápidamente a recoger sus papeles. Gonzalo la miro,
con algo de asombro observo a Arancha, e inmediatamente cambiando la expresión
de su rostro se agacho para ayudarla a recoger.
- Perdona, pero llevo un día. Y voy acelerado.
- Vale, no te preocupes – respondió Arancha, que
seguía sin mirarle.
- Tú eres Arancha. La delegada peleona de tercero
¿Verdad?
- ¿Cómo? – giró la cabeza mirándole a los ojos con
una expresión de fiereza.
- Si, mujer soy Gonzalo el delegado de quinto. El
que te sujeto la mano cuando le ibas a atizar al de laboral, en aquel consejo
por la movilizaciones de Bolonia.
Ambos se levantaron al unísono,
frente a frente, muy juntos. La expresión dubitativa de Arancha suavizo sus
facciones, aunque mitigaba su atractivo.
- - Pues… no sé con aquel follón. Bueno, gracias. Tengo prisa.
Arancha se dirigió hacia la
salida y Gonzalo la siguió, observando la ajustada minifalda roja que llevaba.
Gonzalo no quería dejarla marchar así, busco dentro de su repertorio y añadió.
-
Siempre me extraño que una chica tan guapa fuera tan
reivindicativa e inteligente.
-
Lamento romper el mito masculino de “guapas y tontas”. Adiós
– repuso Arancha cortante.
- Espera mujer, al fin y al cabo me debes una. Y yo a ti una
disculpa por arrollarte – cogiéndola del brazo. Arancha se paro. Se giró.
- No me debes nada, la culpa ha sido mía y …
- Mira yo solo quería proponerte tomar una copa y que asistas
a un foro de trabajo digno que estamos montando algunos antiguos alumnos
– la corto Gonzalo.
- Paso de copas, pero ese foro ¿De qué va? –
mosqueada y mirándolo de arriba abajo.
- Dame un teléfono y vienes un día, así me das tu opinión –
ofertó Gonzalo.
Lucia salió por la puerta de la
vivienda unifamiliar donde vivía con su familia. Un pequeño chalet con algo de
jardín a las afueras de Getafe. Se detuvo al borde de la puerta para recoger un
pequeño paquete que le entregó su padre que venía detrás de ella.
- Papa, no hace falta que me hagas el bocadillo. Soy universitaria y
mayor de edad, ¿Recuerdas?
- Ya lo sé, pero déjame que te diga algo – se acerco
Juan a darle un beso.
- Bueno… - acepto con resignación Lucia.
- No te dejes llevar por los amigotes, se prudente
y reflexiva como eres tú.
- Claro, papa, como siempre – con cierto sarcasmo
respondió.
Cuando su padre cerró la puerta,
Lucia tiró detrás de un banco su mochila y recogió un banderín rojo enrollado.
Se marchó corriendo y saltando hasta toparse con un grupo de compañeros, cinco
jóvenes de su clase que permanecían semi-escondidos tras una esquina. Entre
ellos se encontraba Arancha que la recibió riéndose y dándole un beso en la
boca.
- - ¿Dónde va la niña de papa? – pregunto Arancha.
- - A meterse en líos, contigo nena.
El grupo se marcho con aire
jovial, casi festivo. Abrazados y sonrientes todos portaban pequeñas pancartas,
banderines y camisetas reivindicativas. El padre de Lucia observaba desde una
ventana en la segunda planta de la casa, con gesto de preocupación, al grupo
donde su hija marchaba.
Andrés y Luis esperaban sentados
en una sala, junto a otras personas. Luis se removía en su silla mientras
observaba el móvil. Levanto la cabeza para mirar a una chica de mediana edad
que acababa de salir de uno de los despachos casi llorando. Andrés se acerco al
oído de su amigo, apartando el auricular.
- Un amigo dice que esta gente es muy exigente con la
formación y la experiencia, y luego pagan fatal – dijo con voz baja.
Desde el despacho se oyó una voz
áspera que dijo >> Alberto Galíndez, por favor pase <<. Un hombre
maduro, con alguna cana, trajeado y bien afeitado entró cabizbajo dentro del
despacho al oír su nombre. Una mujer mayor, vestida con dudoso gusto y muy
maquillada, se dirigió al hombre que estaba sentado a su lado.
- Vera usted, el entrevistador que nos ha tocado es un
caballero de los que no quedan. Eso sí, muy exigente, pero amabilísimo. Ya tuve
mi primera entrevista con él hace meses y salí tan contenta a pesar de que no
me dio trabajo, vuelvo siempre que puedo y voy para diez.
Andrés y Luis tuvieron que
contener la risa, y se cubrieron la cara con las manos mientras miraban para
otro lado.
Arancha caminaba rodeada por una
multitud de personas, a su lado se encontraba Lucía, casi hombro con hombro. El
gentío repetía con fuerza las consignas que marcaba una voz con el megáfono.
-
Ea, ea, ea, menos beneficios y muchos más
oficios.
- ¿Quién demonios hará las rimas? – susurraba con
fuerza Arancha al oído de Lucia mientras el resto seguía coreando con fuerza.
- Lo mismo es de la patronal – levantaba los
hombros Lucia, mientras terminaba con una sonrisa que Arancha no pudo por menos
que besar.
-
Ahora van a ver estos como se reivindican los
derechos en el siglo XXI.
Y Arancha se quito la falda roja
de un tirón, ante la mirada atónita de varios jóvenes manifestantes que
enseguida la hicieron corro. Detrás llevaba otra blanca, más ajustada
y corta. La falda se mostro como una pequeña pancarta que Arancha
ondeaba con los brazos arriba. Enseguida Lucia se sumo agitando su banderín de
Comisiones Obreras junto a Arancha.
- Bien hecho, hermosa – grito Lucia para que
Arancha la pudiera oír bien.
Andrés permanecía sentado al otro
lado de una mesa de un despacho, amplio y austero, con amplios ventanales,
frente a su entrevistador, un hombre mayor correctamente vestido con un traje
gris oscuro, que le escuchaba algo impaciente.
- - Tras terminar el bachillerato, realice un ciclo
de grado medio de electricidad y…
- - Por favor, concrete su formación – le pidió Juan
con amabilidad, pero cortando el relato de Andrés.
- - Soy ingeniero industrial electricista – termino
Andrés casi cohibido.
- - ¿De qué experiencia dispone? – pregunto Juan algo
asombrado por lo que había escuchado.
- - He hecho prácticas en varios almacenes como reponedor, tuve un
contrato de un mes repartiendo publicidad. Busco mi primer empleo y por
necesidades familiares me urge trabajar aunque no tenga que ver con mi formación – afirmo Andrés casi
sudando, por lo que le costaba tener que decir aquello.
A través de uno de los
ventanales, ligeramente entornado, se oía crecer una algarabía de gritos y
cánticos, que llegaron a un extremo que Juan y Andrés miraron en dirección a su
origen. Se trataba de una manifestación que se había parado justo debajo de las
oficinas donde Andrés realizaba su entrevista.
- Fuera las agencias de contratación. No hagáis
negocio con mi selección – coreaban los manifestantes con fuerza y
desentonación.
Juan se levanto extrañado y se acercó
al ventanal mientras se dirigía a Andrés
para decirle.
- Siento comunicarte que ahora mismo no tengo nada para ti
– mirando por el ventanal.
Juan observaba el gentío. Se
detuvo sobre una persona que le resultaba familiar. Al descubrir entre los
manifestantes a su hija Lucia dio un paso atrás como escondiéndose. Andrés
también se había acercado a mirar por la ventana. Al reconocer a su amiga
Arancha, intento saludarla. Ante el gesto de desaprobación del entrevistador,
paro de mover la mano, y volvió a sentarse cabizbajo.
Un joven ejecutivo salió por la
puerta de uno de los despacho adyacentes a la sala de espera donde aguardaba
Luis, claramente enojado.
- Sera posible, me cago en la puta,… hay que joderse –
muy alterado y hablando para sí.
Cruzó la sala a grandes zancadas
casi sin mirar pasando por delante de Luis, y tropiezando con su pierna. Se
miraron, y Luis al reconocerle volvió la cara rápidamente.
- ¿Yo a ti te conozco?... joder el del bar – dijo
Gonzalo sin
pararse, señalando con dos dedos en forma de uve.
Gonzalo abrió la puerta
del despacho donde se encontraban Juan y Andrés con tal
fuerza que reboto y le golpeo en el brazo, tocándose este con gesto de dolor grito
colérico desde la puerta al interior.
- Suspenda todas las entrevistas. ¿Quién se han creído que
son? Que creen los puestos de trabajo ellos, si pueden y si les dejamos.
Cerró dando un portazo y se
retiro a su despacho aflojándose la corbata y cogiéndose el codo derecho con el
otro brazo, en un claro signo de dolor. Al entrar en su despacho, volvió a
cruzar una mirada con Luis que intento contener una risa que se le escapaba de
manera indisimulada. A su lado otras dos personas que esperaban junto a él,
miraban perplejos el espectáculo.
Luis tras mover bruscamente de un
lado a otro la cabeza, en señal de negación como si hubiera descubierto algo,
salió corriendo por la puerta, dando un portazo en las narices de Gonzalo que
salía de nuevo a la sala de espera en busca de un nuevo candidato.
Andrés ya se levantaba para
marcharse, cuando Juan con un claro síntoma de abatimiento le invito a sentarse
de nuevo. Las voces seguían arreciando en sus canticos e increpaciones a través
del ventanal.
- Veras, he pensado que te puedo ofrecer una plaza que tenemos
vacante hace algún tiempo – Andrés escuchaba asombrado por aquel cambio
y la tristeza que reflejaba la cara de su
interlocutor.
- Un contrato de trabajo como entrevistador junior, no
requiere experiencia, necesitas un traje y solo tienes que escuchar, anotar y
rechazar a los candidatos. Seria por tres meses con un salario de 2500€ al mes,
prorrogable - Juan tenía que elevar la voz, y Andrés escuchaba su
propuesta asombrado, y seguía sin comprender porque aquel hombre no cerraba el
ventanal, parecía como si se obligase a oír aquello, como si aceptase un
castigo.
Un silencio se instalo entre
ellos. Juan respiraba como cogiendo aire. Andrés meditaba, no la propuesta,
sino su falta de entusiasmo ante ella.
Juan alargo la mano para coger un pequeño porta retrato de encima de su
mesa. Lo miró, sus facciones se suavizaron, y una pequeña lágrima amago en sus ojos.
Dejándolo de nuevo sobre la esquina de su mesa. Se dirigió de nuevo a Andrés.
- Hagas lo que hagas debes seguir estudiando. Continúa tu
formación. No te conformes y persevera con tus objetivos. Haz como yo, un
trabajo no lo es todo – Andrés le miró con cara de no creérselo.
Luis salió disparado del portal,
miró a un lado y a otro. En un grupo muy alborotador distinguió a Arancha, y
corrió hacia ella. Arancha al verle, se sorprendió, y abrió los brazos para
abrazarlo. El grupo retomaba la marcha y los coros contra las políticas de
empleo se recrudecían.
-
Más empleo, menos prevaricación.
-
Más trabajo, menos frustración.
Arancha y Luis cogidos de la
cintura caminaban juntos. Al otro lado de la mano iba Lucia que los mira con
interés.
- - ¿Qué neurona se te ha cruzado ahora? Cambias de opinión más
que el presidente del gobierno.
- - Ahora estoy seguro de que la manifestación ha servido para
algo – respondió Luis con sarcasmo y guiñándole un ojo a Lucia, que lo
miraba sin acabar de entender aquello.
Luis cogió la pancarta de Arancha
y la abrió con los brazos arriba, mientras Arancha y Lucia le abrazaban una a
cada lado. Y Luis entonaba los canticos del grupo.
Andrés y Juan se estrechaban la
mano bajo la puerta del despacho. En la sala ya no quedaba nadie, y el vocerío de
los manifestantes ya solo se percibía como un rumor.
- Si algo me ha enseñado una buena amiga es que el trabajo
digno no es solo una cuestión de salario e ir bien vestido – decía
Andrés mientras se despedía.
-
Sin dignidad no somos personas – respondió Juan.
-
Juanito, venga usted a la carrera, osea ya –
escucharon Juan y Andrés una voz que procedía del despacho contiguo.
-
Ahora mismo señor director – contesto Juan
levantando la voz para que se le escuchara.
Antes de entrar al despacho de
Gonzalo, Juan se paro para volverse hacia Andrés. Al fondo del despacho Gonzalo
realizaba unas anotaciones y miraba el reloj.
-
Juan, a que espera, venga usted aquí.
Juan dio unos pasos hacia Andrés
que ya abría la puerta de salida.
-
Andrés, espera.
Andrés se detuvo al oír su nombre con un gesto que había
automatizado, como esperando una reprimenda, algo malo.
- Si encuentras abajo a una chica de tu edad, muy resuelta y con una larga coleta
que responde al nombre de Lucia, dile que su padre la quiere y le pide perdón
por no estar a la altura de ella ¿Lo harás? – en voz baja, con la voz y
el semblante afectados Juan volvió a tender la mano a Andrés.
Gonzalo observo sonriente desde
su ventana como la manifestación se alejaba. Comenzó a teclear en su teléfono
móvil una invitación a un foro sobre trabajo digno con destino a Arancha
>> Mañana, foro job 20h + copa risas. Guapa. Gonzalo <<. Entro Juan
y se acerco despacio como reteniéndose en darse la vuelta. Gonzalo lo observo,
distinto.
- - Usted dirá – dijo Juan al llegar al borde de la
mesa sin sentarse.
- Tengo una candidata al puesto de secretaria de
personal. Anota su teléfono.
Saco un papel y un bolígrafo,
empezó a anotar los números que le dictaban, y cuando termino arrugo la hoja y
la deposito encima de la mesa de Gonzalo. Y salió por la puerta.
Andrés consiguió unirse al
numeroso grupo de manifestantes que anteriormente interrumpieron su entrevista
de trabajo. Tras un largo rato de búsqueda, moviéndose con dificultad entre la
muchedumbre acabó por encontrar a sus amigos, que proseguían con sus canticos,
bromas y risas.
- - Vaya lío que habéis montado – gritó al ver a sus
camaradas.
- - Y más que vamos a montar – repuso Arancha, siempre
tan dispuesta.
- - Pues conmigo no cuentes – respondió Luis,
guiñándole un ojo.
Andrés sorprendido descubrió en
el corro que su amigos hacían, a una mujer con una larga coleta que respondía a
la descripción de Juan.
- A esta chica tan guapa, yo no la conozco – afirmo Andrés.
- Soy Lucia. Llámame Lu – respondió Lucia ante la sorprendida mirada de Luis y Arancha.
- A esta chica tan guapa, yo no la conozco – afirmo Andrés.
- Soy Lucia. Llámame Lu – respondió Lucia ante la sorprendida mirada de Luis y Arancha.
- - Una gran, gran amiga – apostilló Arancha.
Andrés se acerco a su oído y le
dijo algo que hizo que su rostro se fuera iluminando, para terminar por verter
una lagrimas enmarcadas en una gran sonrisa. Todos continuaron su canticos y su
marcha.
- - ¿Qué te ha dicho este sin vergüenza? – pregunto
intrigada Arancha a Lucia.
- - Me ha contado un chiste sobre un trabajo de 3000
euros que ha rechazado.