martes, 26 de agosto de 2014

La boleta

En aquella pequeña habitación, mal iluminada, en la trastienda del bar de Juanfran, antiguo entrenador de nuestro equipo de futbol, entre el denso humo, el olor agrio a sudor, entre carcajadas socarronas, parecía que el tiempo no hubiera pasado. Tras una cena emotiva, cargada de viejos recuerdos, con café, muchas copas y puro, volvimos a compartir una velada de cartas.

Hacía más de tres años que llevaba sin ver a mis amigos. Así que entre naipe y naipe, nos fuimos poniendo al día de nuestras últimas peripecias, mezcladas con recuerdos de los buenos momentos, y de algunos no tan buenos.

Borja repartía las cartas. No había perdido su falta de habilidad con el tiempo, y hasta en tres ocasiones se le había caído la baraja.

-      Te hiciste las “Américas” en tres años, no está mal, nada mal. Te hemos echado de menos Ángel - me disparaba Borja a bocajarro mientras torpemente repartía las cartas.
-  Gracias. No pare de trabajar


Enfrente de mí Gaby revisaba un boleto de apuestas. Le gustaba el futbol con locura y era un sufrido hincha del Atlético de Madrid.

-    Una y otra y otra.... No hay manera. El Atleti siempre me la lía.
-    No juegues haz como yo, te quitas de problemas y ahorras una pasta. - apuntaba Carlos de manera muy sensata a pesar de las copas que llevaba encima.
-     Joder, si que estuvimos a punto de pillar una buena, desde entonces yo tampoco he vuelto a jugar. Sí señor, el último fin de semana que pasamos juntos hasta hoy – dijo Borja mientras terminaba de repartir las últimas cartas.
-       Ves Gaby. Haz como Borja y yo. Deja esa afición idiota. Y sobre todo deja ese equipo lastimero que siempre la caga – insistía Carlos que era madridista hasta la médula.
-     Yo tampoco he vuelto a jugar a las quinielas, en Estados Unidos no hay afición al fútbol, aunque se apuesta a todo. Nunca he tenido suerte en los juegos de azar. – dije con cierta tristeza.

Todos nos miramos de reojo, a la vez que interpretábamos la jugada que las cuatro cartas que teníamos entre las manos nos ofrecía. Gaby me guiño un ojo, en otra situación podría haberlo interpretado como un signo de complicidad, incluso pensé en ello, pero evidentemente se trataba de una treinta y una, y encima era mano.

De repente Carlos, dejo las cartas sobre la mesa, y con un tono evocador, rayando en la tristeza, nos miro sombrío diciendo.

-    Si que fue mala suerte, si hubiéramos acertado aquel maldito Sporting-Oviedo, ahora seriamos millonarios. Ángel no tendría que haber ido a Florida y yo no tendría que haber aceptado aquel jodido trabajo en Carrefour. Y tu no....
-          Yo no tendría que aguantar borrachos todas las noches vomitando por el Metro. Menuda mierda. – dijo Gaby de manera cortante, y dura.
-          Y que pasa con los cuatro años que me he tirado haciendo la puta carrera que a mi padre se le antojo. Lo peor es que estoy sin blanca, no me suelta un duro. – levanto la voz Borja con cierta mala leche.
-          Etc, etc, etc. Ahora el que la pilló, estará forrado - apunto pensativo Carlos.
-        Nunca se supo quien la engancho - expreso Gaby dejando las cartas sobre la mesa una a una, como intentando recordar.
-     Imagino que como siempre, el que acierta se marcha a las Bahamas ipso facto – dijo Borja con una mezcla de ironía y melancolía.
-   Aquella noche tan desafortunada habíamos quedado como todos los domingos y nadie apareció, excepto… - continuo diciendo Gaby.

<<Así recordó Gaby aquella noche en la barra del bar, tomando una cerveza importada que Juanfran traía directamente de Alemania, y nos esperaba mirando el reloj impaciente, cuando apareció María. La recordaba tan sensual, tan morena, tan angulosa,  que siempre sabía adornarse con aquellas posturas tan glamurosas. Recordaba su marcado acento porteño - se crío en Buenos Aires. Hija de inmigrantes españoles de segunda generación - mezclado con su perfecto castellano producía un efecto disonante y marcaba un aura desconcertante a su alrededor.

-          Hello, Gaby.
-          Y los chicos ¿Dónde andan? – conteste.
-      No creo que vengan. He visto a Carlos y andaba jodido con lo de la quiniela. Borja regaño con su Padre y Ángel andaba coqueteando con una preciosa amiga mía.
-          Casi me alegro, así tendremos tiempo tu y yo de...
-          No te alegres tanto, he venido a decirte que no los esperaras. Y a despedirme de ti – Le corto María
-          ¡Cómo! ¿Por qué? – pregunte sorprendido.
-          Lo hemos pasado bien.
-          Lo podríamos haber pasado mejor, pero tu … - me quede pensativo sin terminar la frase.
-      Déjalo estar, me equivoque con Carlos – me dijo con aquella frialdad que nos cautivaba mientras tomaba distancia de uno.
-          Todos habríamos querido ser Carlos – tome aire - Decidido me voy contigo.
-          He encontrado un trabajo fuera de esta ciudad y necesito estar sola un tiempo, ya sabrás de mí, chiao.
-          Llámame, o dame tu teléfono. – dije de manera dubitativa mientras la veía marchar.
-          O un beso. – termine diciendo para mí mismo mientras la veía salir por la puerta del bar.

Así era María. Perturbadora, imprevisible y cuando tomaba una decisión no había quién consiguiese torcer su camino concluyo Gaby>>

La noche había traído los ecos del que debió ser su último encuentro y Gaby, mientras daba un trago largo de su vaso, se dirigió a todos enseñando un boleto de apuestas.

-      Mirad todavía conservo una fotocopia de aquella maldita última apuesta – dijo Gaby al terminar de beber.
-          Sí, fue mala suerte que el Oviedo ganará al Sporting. – insistió Ángel.
-       De eso nada, que el Sporting mando a segunda al Oviedo, menudo cabreo tenía mi padre. – Afirmo Borja con contundencia.

<<También Borja rememoro como había vivido esos momentos, preludio de una larga separación entre nosotros.

-       En vez de preocuparte tanto de tus amigos, y de esa chica, deberías centrarte en la carrera – dijo mi padre, mientras bajaba del mercedes en la plaza del barrio donde había quedado con María.
-          Estudiar, competir, comprar, vender ¿Qué sabes de amistad, amor o compañerismo? Solo te interesa el dinero.
-      A ti también te interesa el dinero, pero el mío. En el buffet a mis espaldas dicen que eres un niñato holgazán y mal criado que sangra a su padre.

Borja tenía grabado en la cabeza hasta el último detalle y nos describía como María salía de un taxi saludando con un indescriptible gesto del brazo que parecía abarcar el mundo con cariño, y que siempre recordaría con nostalgia.

-          Esto último es hereditario pero yo lo hago por derecho, o no eres mi padre. Vete ya por ahí – le solté al pesado de mi padre.

Así Borja agarro del brazo  a María y salieron andando en dirección contraria, mientras su padre seguía recriminándole su despecho.

-          ¡Cómo está tu padre! No – me dijo María.
-          Así toda su vida, hoy peor que ha perdido el Oviedo, pero verte me alegra el día. Estás estupenda, para variar.
-    Espero no empeorar la situación. Los chicos no irán al café, tienen un gran disgusto por lo de la quiniela…. Y yo he venido a…. despedirme.
-    ¿Dónde vas? ¿Por qué te vas? Nos vas a dejar así por las buenas – intente que me diese alguna explicación.
-       Debo cambiar de aires, tengo una oferta de trabajo y…  debo irme. – María salió corriendo entre la gente y nunca más volví a verla>>

Todos habían olvidado las cartas. Gaby recostado sobre su silla apuraba su copa de Dyc con cola. Mientras yo escuchaba atentamente el relato de Borja, recostando la cabeza sobre un brazo encima de la mesa, que miraba a su vez las cartas como hipnotizado. Carlos abrió la cartera saco un papel que ondeo como si fuera una bandera.

-         Yo también guardo la fotocopia de aquella quiniela como una reliquia a la mala suerte, y debió ganar el Oviedo, sino la tendríamos acertada – dijo Carlos mostrando un papel muy ajado.
-          Pues, juraría que gano el Oviedo – asintió Gaby.
-          Veis fallamos ese resultado poniendo un 1 – continuo Carlos.
-          Deberíamos tener los 14 resultados. Porque gano el Sporting. Yo nunca mire un solo resultado pero de este estoy seguro – seguía manteniendo Borja.
-          Que no gano, que la revisamos…. – comenzó a dudar Carlos.

<<El recuerdo de María y él sentados en una mesa entre arrumacos mientras revisaban la quiniela invadió la mente de Carlos.

-          ¡Joder con el Oviedo! seguro que has cogido bien los resultados.
-          Sí, me los dio Ángel cuando me dijo que tenía que volver a Florida urgentemente. ¡Vaya suerte! nos ha roto la quiniela – se quejo María.
-          No hay manera. No voy a hacer una puta quiniela más – dije.
-          Siempre dices lo mismo. Déjalo, no te preocupes. Tengo que decirte algo importante.
-          Más importante que perder 200 millones – exclame sin saber lo que se avecinaba.
-          Me voy – me dijo María de una manera glacial.
-          Sí, vete a casa porque tengo un humor.
-          No Carlos, me voy de la ciudad. Te dejo.
-          Anda no digas tonterías, llámame mañana y hablamos cuando se nos pase lo de la quiniela.
-          Eso haré – me dijo para contentarme>>

Carlos con las manos en la cara y un tono lloroso, agravado por su embriaguez casi balbuceaba.

-          No volví a saber de ella.
-          Fue un día fatídico. – Le consolé.
-       Ángel, empiezo a pensar que fueron muchas casualidades en 48 horas, desde entonces no nos hemos vuelto a ver, tú, te fuiste de repente a Florida – dijo Gaby dirigiéndose a mí. - y hemos estado tres años sin saber de ti. María se marcho sin dejar rastro. El resto nos separamos. Pero, ¿Donde coño esta el boleto original? – acabo preguntando Gaby.
-          Siempre lo sellaba Ángel. - dijo Borja mientras se encolerizaba.

Borja se levanto señalándome, y Carlos secándose las lágrimas, se puso también de pie tambaleándose. El ambiente empezaba a enturbiarse de una manera preocupante.

-      ¿Dónde te metiste aquella noche? Tu tenias el boleto y te marchaste con el dinero, cabrón – me dijo empujándome Carlos, que había perdido la compostura y me incriminaba como a un delincuente.
-          Estas equivocado yo tenía un trabajo urgente que cerrar y... – me defendí.
-       Y te marchaste con la pasta y nos dejaste tirados, te voy a... – protesto Gaby, cortándome de manera acusadora
-     ¡Es un cerdo! pero así no solucionas nada, déjale que se explique. – dijo Borja mientras sujetaba a Carlos, alarmado por su agitación.

Estaba sudando, el alcohol y el agresivo calor ambiental que se había generado hacia que se inundase mi frente. Saque un pañuelo blanco con la inicial “M” bordada, para secarme el sudor.

-          No sé nada de ese boleto. Aquella semana estuve...
-          Más que un cerdo es un puto traidor  – me arrebato el pañuelo Gaby y se lo enseño a Carlos.
-        Lo voy a matar, de donde has sacado un pañuelo de María – se abalanzo Carlos sobre mí, trastabillando con la silla.
-          Dejad que hable, y luego me lo cargo yo – intercedió Borja, amablemente.
-          Lo siento, de verdad que lo siento. María me volvía loco como a todos y....

<<Me embargo un gran sentimiento de culpabilidad y comencé a explicar mi cena con María, aquella noche en la que los cuatro habíamos tenido algo que ver con aquella mujer, que nos encandilo a todos.

-          Me alegró mucho saber que quisieras cenar conmigo.
-          Te has vuelto una persona muy interesante, tanto ir y venir a EEUU te sienta bien. – me dijo María, con aquella voz y ese acento que me enloquecía.
-       Pues, tu estas tan radiante como siempre. Un poco más de vino – intentaba coquetear con mi mejor sonrisa.
-       Si gracias. Voy a ser sincera, me gustaría ir contigo mañana a Florida. Creo que tú y yo sintonizamos bien.
-          ¡Y Carlos!, ¿Qué hay de Carlos? – pregunte con gran sorpresa.
-          Eso acabo.
-          Pero, si ayer estabais de lo más enrollados.
-          Así es, pero las cosas pasan y....
-          Hay que aprovecharlas. Camarero la cuenta.

Acabe contando a mis amigos como tres años atrás los engañe. Me fui con aquella increíble mujer sin decir nada. No tuve valor para enfrentarme a ellos, y cogí aquel avión sin pensar en las consecuencias>>

-        Cacho cabrón,  nos dejaste sin quiniela y me birlaste la novia. – me empujo Carlos, chillando.

Parecía que se le había pasado la curda de repente. Me tenía contra la pared y Gaby y Borja detrás de él me traspasaban la piel con su mirada.

-          Os prometo que de la quiniela no se nada, recuerdo que aquella semana estuve muy liado y le pedí a Maria que sellara el boleto.
-          ¿Cómo? – me espetó Gaby, a tres centímetros de mi cara.
-          ¡Anda la ostia! – soltó Borja.
-          ¿Dónde está María, ahora? ¿Qué paso? – insistió Carlos abriéndose paso entre Gaby y Borja. Como en una carrera de relevos.
-          Pasamos tres semanas fantásticas y,  ... y luego desapareció. Nunca pensé que....
-          Que te utilizará como un juguete, y nos engañara a todos como a chinos. – acertó a decir Carlos como en un ataque de lucidez.
-          Y nos robase 200 millones, como quien quita un caramelo a un niño. – apuntilló Gaby.
-          ¡Joder con María! con lo buena que estaba. – lamentándose, añadió Borja.
-          ¡Ya te digo yo! –

Me miraron todos con ganas de pegarme y cierta envidia sana. Así es entre amigos.




FIN

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