En aquella pequeña habitación, mal iluminada,
en la trastienda del bar de Juanfran, antiguo entrenador de nuestro equipo de
futbol, entre el denso humo, el olor agrio a sudor, entre carcajadas
socarronas, parecía que el tiempo no hubiera pasado. Tras una cena
emotiva, cargada de viejos recuerdos, con café, muchas copas y puro, volvimos a
compartir una velada de cartas.
Hacía más de tres años que llevaba
sin ver a mis amigos. Así que entre naipe y naipe, nos fuimos poniendo al día
de nuestras últimas peripecias, mezcladas con recuerdos de los buenos momentos,
y de algunos no tan buenos.
Borja repartía las cartas. No
había perdido su falta de habilidad con el tiempo, y hasta en tres ocasiones se
le había caído la baraja.
- Te hiciste las “Américas” en
tres años, no está mal, nada mal. Te hemos echado de menos Ángel - me disparaba
Borja a bocajarro mientras torpemente repartía las cartas.
- Gracias. No pare de trabajar
Enfrente de mí Gaby revisaba un boleto
de apuestas. Le gustaba el futbol con locura y era un sufrido hincha del
Atlético de Madrid.
- Una y otra y otra.... No hay manera. El Atleti siempre me la lía.
- No juegues haz como yo, te quitas de problemas y ahorras una pasta. - apuntaba
Carlos de manera muy sensata a pesar de las copas que llevaba encima.
- Joder, si que estuvimos a punto de pillar una buena, desde entonces yo
tampoco he vuelto a jugar. Sí señor, el último fin de semana que pasamos juntos
hasta hoy – dijo Borja mientras terminaba de repartir las últimas cartas.
- Ves Gaby. Haz como Borja y yo. Deja esa afición idiota. Y sobre todo
deja ese equipo lastimero que siempre la caga – insistía Carlos que era
madridista hasta la médula.
- Yo tampoco he vuelto a jugar a las quinielas, en Estados Unidos no hay
afición al fútbol, aunque se apuesta a todo. Nunca he tenido suerte en los
juegos de azar. – dije con cierta tristeza.
Todos nos miramos de reojo, a la vez que
interpretábamos la jugada que las cuatro cartas que teníamos entre las manos
nos ofrecía. Gaby me guiño un ojo, en otra situación podría haberlo
interpretado como un signo de complicidad, incluso pensé en ello, pero
evidentemente se trataba de una treinta y una, y encima era mano.
De repente Carlos, dejo las cartas sobre la
mesa, y con un tono evocador, rayando en la tristeza, nos miro sombrío
diciendo.
- Si que fue mala suerte, si hubiéramos acertado aquel maldito
Sporting-Oviedo, ahora seriamos millonarios. Ángel no tendría que haber ido a
Florida y yo no tendría que haber aceptado aquel jodido trabajo en Carrefour. Y
tu no....
-
Yo no tendría que aguantar borrachos todas las noches vomitando por el
Metro. Menuda mierda. – dijo Gaby de manera cortante, y dura.
-
Y que pasa con los cuatro años que me he tirado haciendo la puta carrera
que a mi padre se le antojo. Lo peor es que estoy sin blanca, no me suelta un
duro. – levanto la voz Borja con cierta mala leche.
-
Etc, etc, etc. Ahora el que la pilló, estará forrado - apunto
pensativo Carlos.
- Nunca se supo quien la engancho - expreso Gaby dejando las cartas
sobre la mesa una a una, como intentando recordar.
- Imagino que como siempre, el que acierta se marcha a las Bahamas ipso
facto – dijo Borja con una mezcla de ironía y melancolía.
- Aquella
noche tan desafortunada habíamos quedado como todos los domingos y nadie
apareció, excepto… - continuo diciendo Gaby.
<<Así
recordó Gaby aquella noche en la barra del bar, tomando una cerveza importada
que Juanfran traía directamente de Alemania, y nos esperaba mirando el reloj impaciente,
cuando apareció María. La recordaba tan sensual, tan morena, tan angulosa, que siempre sabía adornarse con aquellas
posturas tan glamurosas. Recordaba su marcado acento porteño - se crío en
Buenos Aires. Hija de inmigrantes españoles de segunda generación - mezclado con
su perfecto castellano producía un efecto disonante y marcaba un aura
desconcertante a su alrededor.
-
Hello, Gaby.
-
Y los chicos ¿Dónde andan? – conteste.
- No creo que vengan. He visto a Carlos y andaba jodido con lo de la
quiniela. Borja regaño con su Padre y Ángel andaba coqueteando con una preciosa
amiga mía.
-
Casi me alegro, así tendremos tiempo tu y yo de...
-
No te alegres tanto, he venido a decirte que no los esperaras. Y a
despedirme de ti – Le corto María
-
¡Cómo! ¿Por qué? – pregunte sorprendido.
-
Lo hemos pasado bien.
-
Lo podríamos haber pasado mejor, pero tu … - me quede pensativo sin
terminar la frase.
- Déjalo estar, me equivoque con Carlos – me dijo con aquella frialdad
que nos cautivaba mientras tomaba distancia de uno.
-
Todos habríamos querido ser Carlos – tome aire - Decidido me voy
contigo.
-
He encontrado un trabajo fuera de esta ciudad y necesito estar sola un
tiempo, ya sabrás de mí, chiao.
-
Llámame, o dame tu teléfono. – dije de manera dubitativa mientras la
veía marchar.
-
O un beso. – termine diciendo para mí mismo mientras la veía salir por
la puerta del bar.
Así era María. Perturbadora, imprevisible y
cuando tomaba una decisión no había quién consiguiese torcer su camino concluyo
Gaby>>
La noche había traído los ecos del
que debió ser su último encuentro y Gaby, mientras daba un trago largo de su vaso, se dirigió a todos enseñando
un boleto de apuestas.
- Mirad todavía conservo una fotocopia de aquella maldita última apuesta
– dijo Gaby al terminar de beber.
-
Sí, fue mala suerte que el Oviedo ganará al Sporting. – insistió Ángel.
- De eso nada, que el Sporting mando a segunda al Oviedo, menudo cabreo
tenía mi padre. – Afirmo Borja con contundencia.
<<También Borja rememoro
como había vivido esos momentos, preludio de una larga separación entre
nosotros.
- En vez de preocuparte tanto de tus amigos, y de esa chica, deberías centrarte
en la carrera – dijo mi padre, mientras bajaba del mercedes en la plaza del
barrio donde había quedado con María.
-
Estudiar, competir, comprar, vender ¿Qué sabes de amistad, amor o
compañerismo? Solo te interesa el dinero.
- A ti también te interesa el dinero, pero el mío. En el buffet a mis
espaldas dicen que eres un niñato holgazán y mal criado que sangra a su padre.
Borja tenía
grabado en la cabeza hasta el último detalle y nos describía como María salía
de un taxi saludando con un indescriptible gesto del brazo que parecía abarcar
el mundo con cariño, y que siempre recordaría con nostalgia.
-
Esto último es hereditario pero yo lo hago por derecho, o no eres mi
padre. Vete ya por ahí – le solté al pesado de mi padre.
Así Borja
agarro del brazo a María y salieron
andando en dirección contraria, mientras su padre seguía recriminándole su
despecho.
-
¡Cómo está tu padre! No – me dijo María.
-
Así toda su vida, hoy peor que ha perdido el Oviedo, pero verte me
alegra el día. Estás estupenda, para variar.
- Espero no empeorar la situación. Los chicos no irán al café, tienen un
gran disgusto por lo de la quiniela…. Y yo he venido a…. despedirme.
- ¿Dónde vas? ¿Por qué te vas? Nos vas a dejar así por las buenas –
intente que me diese alguna explicación.
- Debo cambiar de aires, tengo una oferta de trabajo y… debo irme. – María salió corriendo entre la
gente y nunca más volví a verla>>
Todos habían olvidado las cartas. Gaby
recostado sobre su silla apuraba su copa de Dyc con cola. Mientras yo escuchaba
atentamente el relato de Borja, recostando la cabeza sobre un brazo encima de
la mesa, que miraba a su vez las cartas como hipnotizado. Carlos abrió la
cartera saco un papel que ondeo como si fuera una bandera.
- Yo también guardo la fotocopia de aquella quiniela como una reliquia a
la mala suerte, y debió ganar el Oviedo, sino la tendríamos acertada – dijo
Carlos mostrando un papel muy ajado.
-
Pues, juraría que gano el Oviedo – asintió Gaby.
-
Veis fallamos ese resultado poniendo un 1 – continuo Carlos.
-
Deberíamos tener los 14 resultados. Porque gano el Sporting. Yo nunca
mire un solo resultado pero de este estoy seguro – seguía manteniendo Borja.
-
Que no gano, que la revisamos…. – comenzó a dudar Carlos.
<<El
recuerdo de María y él sentados en una mesa entre arrumacos mientras revisaban
la quiniela invadió la mente de Carlos.
-
¡Joder con el Oviedo! seguro que has cogido bien los resultados.
-
Sí, me los dio Ángel cuando me dijo que tenía que volver a Florida urgentemente.
¡Vaya suerte! nos ha roto la quiniela – se quejo María.
-
No hay manera. No voy a hacer una puta quiniela más – dije.
-
Siempre dices lo mismo. Déjalo, no te preocupes. Tengo que decirte
algo importante.
-
Más importante que perder 200 millones – exclame sin saber lo que se
avecinaba.
-
Me voy – me dijo María de una manera glacial.
-
Sí, vete a casa porque tengo un humor.
-
No Carlos, me voy de la ciudad. Te dejo.
-
Anda no digas tonterías, llámame mañana y hablamos cuando se nos pase
lo de la quiniela.
-
Eso haré – me dijo para contentarme>>
Carlos con las manos en la cara y un tono lloroso,
agravado por su embriaguez casi balbuceaba.
-
No volví a saber de ella.
-
Fue un día fatídico. – Le consolé.
- Ángel, empiezo a pensar que fueron muchas casualidades en 48 horas,
desde entonces no nos hemos vuelto a ver, tú, te fuiste de repente a Florida – dijo
Gaby dirigiéndose a mí. - y hemos estado tres años sin saber de ti. María se
marcho sin dejar rastro. El resto nos separamos. Pero, ¿Donde coño esta el
boleto original? – acabo preguntando Gaby.
-
Siempre lo sellaba Ángel. - dijo Borja mientras se encolerizaba.
Borja se levanto señalándome, y Carlos
secándose las lágrimas, se puso también de pie tambaleándose. El ambiente
empezaba a enturbiarse de una manera preocupante.
- ¿Dónde te metiste aquella noche? Tu tenias el boleto y te marchaste
con el dinero, cabrón – me dijo empujándome Carlos, que había perdido la
compostura y me incriminaba como a un delincuente.
-
Estas equivocado yo tenía un trabajo urgente que cerrar y... – me
defendí.
- Y te marchaste con la pasta y nos dejaste tirados, te voy a... – protesto
Gaby, cortándome de manera acusadora
- ¡Es un cerdo! pero así no solucionas nada, déjale que se explique. – dijo
Borja mientras sujetaba a Carlos, alarmado por su agitación.
Estaba sudando, el alcohol y el agresivo calor
ambiental que se había generado hacia que se inundase mi frente. Saque un
pañuelo blanco con la inicial “M” bordada, para secarme el sudor.
-
No sé nada de ese boleto. Aquella semana estuve...
-
Más que un cerdo es un puto
traidor – me arrebato el pañuelo Gaby y
se lo enseño a Carlos.
- Lo voy a matar, de donde has sacado un pañuelo de María – se abalanzo
Carlos sobre mí, trastabillando con la silla.
-
Dejad que hable, y luego me lo cargo yo – intercedió Borja,
amablemente.
-
Lo siento, de verdad que lo siento. María me volvía loco como a todos
y....
<<Me embargo un gran
sentimiento de culpabilidad y comencé a explicar mi cena con María, aquella
noche en la que los cuatro habíamos tenido algo que ver con aquella mujer, que
nos encandilo a todos.
-
Me alegró mucho saber que quisieras cenar conmigo.
-
Te has vuelto una persona muy interesante, tanto ir y venir a EEUU te
sienta bien. – me dijo María, con aquella voz y ese acento que me enloquecía.
- Pues, tu estas tan radiante como siempre. Un poco más de vino –
intentaba coquetear con mi mejor sonrisa.
- Si gracias. Voy a ser sincera, me gustaría ir contigo mañana a
Florida. Creo que tú y yo sintonizamos bien.
-
¡Y Carlos!, ¿Qué hay de Carlos? – pregunte con gran sorpresa.
-
Eso acabo.
-
Pero, si ayer estabais de lo más enrollados.
-
Así es, pero las cosas pasan y....
-
Hay que aprovecharlas. Camarero la cuenta.
Acabe contando a mis amigos como tres
años atrás los engañe. Me fui con aquella increíble mujer sin decir nada. No
tuve valor para enfrentarme a ellos, y cogí aquel avión sin pensar en las
consecuencias>>
- Cacho cabrón, nos dejaste sin quiniela y me birlaste la
novia. – me empujo Carlos, chillando.
Parecía que se le había pasado la curda
de repente. Me tenía contra la pared y Gaby y Borja detrás de él me traspasaban
la piel con su mirada.
-
Os prometo que de la quiniela
no se nada, recuerdo que aquella semana estuve muy liado y le pedí a Maria que
sellara el boleto.
-
¿Cómo? – me espetó Gaby, a
tres centímetros de mi cara.
-
¡Anda la ostia! – soltó
Borja.
-
¿Dónde está María, ahora?
¿Qué paso? – insistió Carlos abriéndose paso entre Gaby y Borja. Como en una
carrera de relevos.
-
Pasamos tres semanas
fantásticas y, ... y luego desapareció.
Nunca pensé que....
-
Que te utilizará como un
juguete, y nos engañara a todos como a chinos. – acertó a decir Carlos como en
un ataque de lucidez.
-
Y nos robase 200 millones,
como quien quita un caramelo a un niño. – apuntilló Gaby.
-
¡Joder con María! con lo
buena que estaba. – lamentándose, añadió Borja.
-
¡Ya te digo yo! –
Me miraron todos con ganas de pegarme y
cierta envidia sana. Así es entre amigos.
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